miércoles, 16 de febrero de 2011

Tiempos de oscuridad y silencios extraños (publicado en Los Posmodernos/Milenio)


 "Nuestro derecho a disentir" I de II partes
Vivimos tiempos de oscuridad y silencios extraños. En las últimas semanas cuando leo, observo y me entrevisto con gente en distintas poblaciones encuentro que hay una realidad dispar a la de un puñado de mexicanos que se creen dueños de todo. He visto a un pequeño con ojos agonizantes estar en brazos de su madre que ojerosa por la anemia asistió a una reunión de la comunidad para fundar una biblioteca. Ahí estaba ella con ese nene, los dos sin comer, los dos con esperanza y ella dispuesta a hacer algo por mejorar el destino de su hijo que apenas respiraba. Después de esa reunión los médicos se ocuparon de ellos y de visitar a esta ranchería enclavada en la sierra veracruzana.
Anduve en varios pueblitos y lugares en donde lo que hay son ganas de salir adelante, hace poco en una reunión con micro productores de café los asistentes querían apoyo para saber cómo mejorar sus tierras y cosechas porque el gobierno los tiene abandonados, ellos viven del grano de oro (sic) que les deja por cada kilo entre 2 a 3 pesos como pago mientras en las ciudades en las grandes cadenas de café los consumidores se preocupan por un estúpido sello de marca que dicen ellos les brinda un estatus. Para alguien que como yo ve todo el proceso del campo a las tiendas me queda claro que el único estatus que puede dar semejante aberración es de ser el que paga lo que sea por sentirse alguien y el que casi nada recibe para poder sobrevivir de su trabajo. Injusticia le llaman a eso. Vulgaridad al sarcasmo de los que cuando les hablas del México profundo te llaman revoltoso o naco.
Desde hace años dejé el silencio extraño del no hablar por el qué dirán en un cajón. Resultaba que tenías que portarte bien y expresarte bien de todos para que te dieran limosnas para financiar festivales, encuentros académicos, apoyo a niños sin educación. De no hacerlo, de hablar con la realidad lo que venían eran represalias. Y lo viví.
Entre 1995 y 2002 fui uno más de los vetados y censurados, perseguidos y señalados. Dirigí una estación de radio en donde se abrió por primera vez el debate interpartidista al aire en Veracruz. Ahí se sentó como invitado a debatir con seriedad el actual senador Juan Bueno Torio que en aquel tiempo era el presidente del PAN en Córdoba, Enrique Romero Aquino que era alcalde del PRD y actual líder de una corriente de ese partido en Veracruz, entrevistamos a Roque Villanueva que era presidente del PRI nacional, se abrió la puerta a los indígenas de Zongolica y lo que yo obtuve fueron vetos y una presión brutal llena de groserías de los que se sienten gente bien de aquel estado. Dejé la radio, que es lo que más disfruto en la vida, en un ropero que se ha llenado de polvo. No conforme me dispuse a generar mi propio medio para ser libre.
En 1997 fundé la revista de artes y ciencias “El Águila: la opinión trascendente” y llegaron a escribir todos los que no tenían espacio en las grandes montañas de Veracruz, acudieron pintores, fotógrafos, bailarines y con ellos los abogados y médicos que aman a la política y por supuesto los críticos al gobierno. No hay cosa más sana en un medio decente que tener en sus filas a los afilados pensadores locales, regionales o nacionales. Ello hace que la vida republicana esté viva y fresca para deleite de los lectores.
Después de mucho esfuerzo miembros de Acción Nacional determinaron nuestra hora. Eran funcionarios locales que se escandalizaban de todo, recuerdo que una vez organizamos una jornada cultural y nos regañaron exigiendo que elimináramos la palabra “jornada” porque sonaba “revolucionaria”. En aquel tiempo circulaba la frase “no hay panista que no sea ignorante” en las calles. No estaba yo de acuerdo, conozco algunos que sí son inteligentes y conocedores, algunos brillantes. De todo hay como en botica, pero los que hicieron que los patrocinadores dejaran de apoyarnos han sido los más ruines del mundo, acabaron con un pequeño medio independiente, los ingresos de varias personas y estuvieron a punto de matar los sueños de libertad de un equipo de jóvenes. Era 2002

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