domingo, 10 de abril de 2011

La rebelión de las almas. (Los posmodernos, Milenio)


Manuel García Estrada

Claro está que el régimen de absolutismo disfrazado de democracia tendría que tener problemas más que por la economía, basada en los privilegios y amiguismos, por consecuencia de la injusticia que si ya vivían los pobres hasta hace poco comenzó a hacerse evidente entre los clasemedieros mexicanos.

La injusticia vigente el terreno hacendario ha comenzado a molestar y liberar almas que han decidido hablar y mostrarse en rebeldía. El actual régimen mantiene beneficios a los muy ricos y exprime a los demás de manera brutal.

México, con una pobre y debilitada banca nacional incapaz de hacer contra fuerza a la banca internacional y los dictámines de los que administran el dinero del mundo está finalmente contra la pared. En este país es súmamente difícil prosperar de manera legal y ello hace que lo que predomine sea la evasión de impuestos que es duramente castigada por universidades privadas, centros de estudios privados, grupos empresariales (sus cúpulas) y el gobierno en el caso de los micro, pequeños y medianos empresarios mientras que entre los grandes y grandotes se festeje el no pagar impuestos como logro para el desarrollo social nacional.

Hay una gran injusticia para los mexicanos. Injusticia que en el terreno cultural se manifiesta en la discrecional entrega de recursos a los amigos del CONACULTA, becas a los de siempre y en las universidades públicas a través de la colocación de amiguitos, sobrinos, primos, tíos en ciertos puestos de esas instituciones.  

Hay injusticia en la entrega de recursos para el campo en donde se beneficia a los que más tierras tienen y a los que son amigos de tal o cual gobernador, secretario, senador o diputado. Injusticia en los préstamos del gobierno para las empresas en desarrollo en donde a la mayoría les exigen tener un respaldo financiero para recibir los apoyos mientras dentro de las alcaldías, palacios de gobierno o secretarías se pasan los recursos entre amigos.

El México de las injusticias llega en la terrible iglesia católica que domina aún a muchas personas que rezan y suplican a un dios traído de ultramar y a una virgen que jamás ha existido pero que desata pasiones entre los que creen que hincados en peregrinación les quitarán sus males financieros. Si la virgencita o el dios de las tierras lejanas existieran ya hubieran sacado del gobierno a los malos y ya hubieran dado prosperidad a las masas. No ocurre. Qué par de ídolos es ese dúo que por más que les encienden velas permiten la agonía de millones de personas por el hambre, el maltrato y la segregación. Si el dios católico fuera justo seguramente no hubiera ocurrido Acteal o Atenco y si el designio del mismo fuera que la gente sufriera manga de señor que se entretiene viendo a la gente llorar de dolor y humillaciones.

La más grande rebelión en el estado de México o en la nación entera debe empezar en las almas. En esa entidad que mueve a los hombres y mujeres y las determina a favor del bien o del mal. Si los creyentes realmente lo fueran darían rienda suelta a las enseñanzas cristianas de exigencia, no petición, de justicia.

Si las almas entendieran que todos somos iguales no habría que llamar señor o don a un senador, diputado, alcalde o gobernador. Esos títulos se los inventaron los reyes para que la gente les creyese superiores pero en plena democracia cómo llamar Don o Señor a un sujeto que se alquila para servirnos y come por nuestros impuestos. Son ellos los que a nosotros no debieran llamar así: Señor, Doña Ciudadana, Don Ciudadano y cuando eso pase seguramente será porque hasta los obispos entenderán que no están tocados por el dedo de dios. 

@ManuelGarciaES en Twitter

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